-¿Qué hacemos con lo nuestro?
Una vez más lo pienso, ese pensamiento que estoy empezando a desgastar sin obtener ningún tipo de resultado o conclusión.
-No lo sé.
Resopla, frustrado. Sé como se siente, es difícil tenerlo tan fácil y que, a la vez, sea tan complicado.
El cielo está azul pero a lo lejos vienen nubes de tormenta.
Es difícil ser imparcial llegado cierto momento de la relación en la que los dos nos amamos, pero, aún así, ambos somos capaces de mantener los pies en la tierra a la hora de preguntarnos qué hacer.
-Quiero que me ayudes, no puedo decidir yo solo.
Esta vez lo comenta con un tono cansado, casi rendido, dándose por vencido, una vez más. Sé que le debo ayudar y me quedo en silencio observando el cielo azul mientras pienso qué decir para escapar de esa pregunta otra vez, porque solo puedo escapar.
Se inclina para volvérmelo a decir y nuestros ojos se encuentran se queda paralizado y finalmente aparta la vista.
-No puedo.
-¿No puedes?
-No puedo ser imparcial cuando te miro a los ojos, no puedo razonar, joder...-le miro y algo dentro de mí se estremece.- No, es que no puedo.
-Pues lo siento.
Me mira finalmente, lo veo, no va a poder evitarlo, se acerca a mí, y me besa.
Lo que daría por que cada vez que se preguntara que hacer con ésto, me besara. En mi cabeza sigue rondando la idea de que sería más que perfecto salir con él. Pero él siempre me da las razones perfectas para no hacerlo, por eso me da rabia seguir ilusionada con algo que dudo que ocurra.
No para de repetirme lo diferentes que somos, a pesar de que, en mi opinión, tampoco lo somos tanto. Pero a pesar de que somos tan diferentes sigue queriéndome con todas las diferencias.
No nos ve futuro, pero el futuro se esta escribiendo poco a poco. Ya llevamos alrededor de tres meses con esto. Y la que no verá futuro, si seguimos con esto que me mata por dentro cada día, seré yo.
Me besa de nuevo, ésta vez no es un beso tierno y delicado, sino uno lleno de pasión y deseo contenido.
Y es que lo necesitamos, nos necesitamos el uno al otro y lo sabemos, pero ninguno tiene el valor suficiente o la voluntad como para cortar con esto por nuestro bien común.
Yo misma sé que tendrá que acabar así, porque él lo quiere y nadie le va a obligar a hacer algo con lo que no va a estar a gusto. Lo único que quiero es estar bien y no perderle.
Me da la mano en silencio y me acaricia suavemente, esa es la tranquilidad que deseo para toda la vida, con él. Imagino volviendo la vista al cielo.
-Que bonito está el cielo.
Una vez más lo pienso, ese pensamiento que estoy empezando a desgastar sin obtener ningún tipo de resultado o conclusión.
-No lo sé.
Resopla, frustrado. Sé como se siente, es difícil tenerlo tan fácil y que, a la vez, sea tan complicado.
El cielo está azul pero a lo lejos vienen nubes de tormenta.
Es difícil ser imparcial llegado cierto momento de la relación en la que los dos nos amamos, pero, aún así, ambos somos capaces de mantener los pies en la tierra a la hora de preguntarnos qué hacer.
-Quiero que me ayudes, no puedo decidir yo solo.
Esta vez lo comenta con un tono cansado, casi rendido, dándose por vencido, una vez más. Sé que le debo ayudar y me quedo en silencio observando el cielo azul mientras pienso qué decir para escapar de esa pregunta otra vez, porque solo puedo escapar.
Se inclina para volvérmelo a decir y nuestros ojos se encuentran se queda paralizado y finalmente aparta la vista.
-No puedo.
-¿No puedes?
-No puedo ser imparcial cuando te miro a los ojos, no puedo razonar, joder...-le miro y algo dentro de mí se estremece.- No, es que no puedo.
-Pues lo siento.
Me mira finalmente, lo veo, no va a poder evitarlo, se acerca a mí, y me besa.
Lo que daría por que cada vez que se preguntara que hacer con ésto, me besara. En mi cabeza sigue rondando la idea de que sería más que perfecto salir con él. Pero él siempre me da las razones perfectas para no hacerlo, por eso me da rabia seguir ilusionada con algo que dudo que ocurra.
No para de repetirme lo diferentes que somos, a pesar de que, en mi opinión, tampoco lo somos tanto. Pero a pesar de que somos tan diferentes sigue queriéndome con todas las diferencias.
No nos ve futuro, pero el futuro se esta escribiendo poco a poco. Ya llevamos alrededor de tres meses con esto. Y la que no verá futuro, si seguimos con esto que me mata por dentro cada día, seré yo.
Me besa de nuevo, ésta vez no es un beso tierno y delicado, sino uno lleno de pasión y deseo contenido.
Y es que lo necesitamos, nos necesitamos el uno al otro y lo sabemos, pero ninguno tiene el valor suficiente o la voluntad como para cortar con esto por nuestro bien común.
Yo misma sé que tendrá que acabar así, porque él lo quiere y nadie le va a obligar a hacer algo con lo que no va a estar a gusto. Lo único que quiero es estar bien y no perderle.
Me da la mano en silencio y me acaricia suavemente, esa es la tranquilidad que deseo para toda la vida, con él. Imagino volviendo la vista al cielo.
-Que bonito está el cielo.


