Destellos de luz me indican el camino de vuelta, preciosas formas que, en mi cabeza me hacen un recorrido sencillo por el que debo avanzar para ser, por fin, liberada de mis únicas penas, de ti.
Son solo palabras las que me convencen de que no son esas hermosas figuras a las que debo seguir.
De pronto, un conjunto de hormigas desfilan hacia el horizonte, no sé a donde van, tampoco crea que deba saberlo pero, las sigo. Silenciosamente avanzando hacia algún lugar al que ellas me llevan. Tú me miras mientras yo camino por la penumbra, dejando atrás la luz que me separaba de tu mirada. Curiosamente, me gusta esa sensación, la de tener tu vista fija en mi, hacía tiempo que no la sentía así.
Doy un par e pasos más, mirándote aún, las hormigas han desaparecido, de pronto, todo está iluminado, miro a mi alrededor sorprendida ante el cambio. Pero tú no estás.
-¿Dónde has ido?- le grito al viento. - ¿Dónde estás?
Un enorme vacío se abre justo debajo de mí, cierro los ojos con fuerza, deseando que ojalá la caída sea más leve que el golpe de tu desaparición. Y se cumple.
Abro los ojos de nuevo, temerosa, esperándome cual quier cosa. Pero todo está bien, estoy en mi casa, en el sofá, apoyada en su hombro...
-Te he oído hablar en sueños, pero no te he entendido. - me dice él.
-Tranquilo, solo era una pesadilla.

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