Con el tiempo he aprendido a mirarle sin que me viera, a escucharle sin que me hablara, a imaginarle sin que lo supiera, a pensarle sin que me diera motivos. Aprendí a quererle sin tapujos, sin necesidad de que me quiera, aprendí a esperar.
Esperé a que alguien me hiciera caso cuando era pequeña, esperé a que algún niño me dijera si quería ser su amigo, a veces esperar me jugó malas pasadas y con ellas aprendí a tomar mis propias decisiones.
Aprendí a no esperar algo y adelantarme para no pudrirme de tanto esperar, y a veces, me funcionó.
Pero respecto a la opinión de él, puedo esperar a lo que haga falta. Respeto todo lo que dice o hace, aunque a veces no me guste demasiado, luego reflexiono y pienso que si las cosas son así será por algo. Si él no quiere ahora, será por algo. Y lo respeto, al igual que espero que en un futuro sea diferente.
Porque yo no tengo prisa en hacer nada, no tengo prisa en quererle, no quiero hacer las cosas deprisa y corriendo, yo lo que quiero es que todo ocurra como debe ser, sin prisas. Para poder disfrutar de ello como es debido. Eso es lo que quiero.
Me adelantaré a quererle, eso seguro, pero esperaré a que él me quiera al menos la mitad de lo que yo le quiero a él.
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